Machu Picchu: ¿descubriendo una ciudad perdida?

Era el 24 julio 1911 cuando el profesor y explorador estadounidense Hiram Birgham (1875-1956) pisó por primera vez el suelo de Machu Picchu, decretando su descubrimiento según la historiografía norteamericana. Más de cien años después, el lugar es uno de los sitios arqueológicos más famosos de Sudamérica, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y considerado una de las siete maravillas del mundo moderno. Pero, ¿qué es Macchu Picchu? Y, sobretodo, ¿de verdad era una ciudad perdida?



La llaqta o ciudad inca de Machu Picchu es un antiguo pueblo inca situado en la región de Cusco, en los Andes. Entre los expertos no hay consenso sobre el motivo por el que fue construida. Algunos dicen que servía como refugio campestre para el emperador, otros que era una base para gestionar la plantación de alimentos de la región o que respondía a la necesidad del Estado inca de tener un centro religioso, político y administrativo, situado en un espacio sagrado, considerado el nexo entre los Andes y la Amazonia. Fue construida alrededor del 1400 d.C. y más del 50% del trabajo para su edificación ha consistido en la preparación del terreno, en la cimentación y en el sistema de drenaje. El resultado de semejantes esfuerzos es una obra maestra de arte, arquitectura e ingeniería en perfecta armonía con la naturaleza. Aunque fue abandonada en el siglo XVI, fue visitada y habitada ocasionalmente.


Entonces, a la llegada de Birgham, Machu Picchu no era ningún pueblo olvidado, no obstante su existencia fuese conocida solo por los campesinos locales de la región. La expedición del explorador estadounidense, financiada por la Universidad de Yale, tenía en realidad como objetivo encontrar a Vilcabamba, ciudad considerada el último refugio de los Incas. Birgham empezó su viaje guiado por un campesino peruano el 18 de julio de 1911 y seis días después entró en Machu Picchu. Consciente de la portada histórica del descubrimiento, volvió al sitio en 1912 para estudiar el área con un grupo de expertos y en 1913 publicó el resultado de su trabajo en un artículo del National Geographic.


[fuente: historia.nationalgeographic.com]

Sin embargo, Bingham no ha sido el primero en visitar la llaqta en el siglo XX. Efectivamente, el campesino peruano Augustín Lizárraga había terminado en Machu Picchu ya en 1902 en busqueda de terrenos nuevos que cultivar. A lo mejor intuyendo el valor de su descubrimiento, el agricultor escribió su nombre y el año en el muro del Templo de las Tres ventanas. En 1903 decidió que los terrenos de la ciudadela eran perfectos para sembrar y por eso le pidió a unos trabajadores de su hacienda, la familia Richarte, de establecerse ahí, los mismos que acogieron al explorador americano en 1911. Casi diez años después, entonces, Birgham encontró la inscripción en carbón vegetal “A. Lizárraga, 1902”: la prueba incontestable de que alguien antes que él había estado en el emplazamiento. Por eso, quizás, olvidó mencionar ese detalle en sus relatos oficiales, aunque sí lo anotó en su diario. Lizárraga murió ahogado en el Río Vilcanota en 1912 y su cuerpo nunca fue hallado.


Pese a su figura controvertida, Hiram Bergham fue responsable de haber hecho visible esa joya al mundo en el siglo XX, reconociendo la importancia de las ruinas a nivel histórico y artístico y divulgando sus estudios. Sin embargo, una cosa es cierta: Machu Picchu nunca fue una ciudad perdida.


Articolo a cura di: Laura Tondolo

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