Indultos a los independentistas: ¿maniobra política o mano tendida?

A finales de julio, el Gobierno español de Pedro Sanchez aprobó los indultos a los líderes catalanes condenados tras el referéndum separatista del 1 de Octubre 2017 (1-O). La crisis catalana ha sido una herida abierta en la sociedad española y un grande reto para la política, que no siempre ha sido a la altura de la situación. Aunque esta medida esté inspirada por motivos políticos, también ha sido recibida como un primer paso para retomar el diálogo.



Después del franquismo, un sector de los nacionalistas catalanes vio, en la autonomía otorgada por la Constitución, un medio para en un futuro alcanzar la independencia y por ello impulsó el así llamado procés de construcció nacional, con el que se pretendía llegar a la formación de una verdadera nación. En 2006 los independentistas al gobierno pactaron con el partido socialista de Zapatero para que avalara el proyecto de un nuevo Estatuto de Autonomía, en el que se definía Cataluña como una nación. Justo después que los catalanes aprobaron la reforma con un referéndum, la derecha española acudió al Tribunal Constitucional, que la declaró ilegítima. Esa declaratoria de inconstitucionalidad fue un duro golpe para la sociedad catalana, porque generó un sentimiento de humillación e injusticia, junto a la sensación de que el Gobierno de España no cumplía con sus promesas. En 2016 el Govern de Carles Puigdemont pidió al Ejecutivo español organizar un referéndum “a la escocesa”, pero después de su negativa, decidió convocarlo unilateralmente. La consulta se llevó a cabo el 1-O, con fuertes tensiones entre policía y votantes. Fue justamente la represión policial a llenar de indignación a los catalanes, convenciendo a muchos no independentistas a apoyar la causa. El 27 octubre 2017 el Parlament aprobó la declaratoria unilateral de independencia y esta fue la gota que colmó el vaso. El presidente español Mariano Rajoy, en aplicación del artículo 155 de la Constitución destituyó el Govern, cesó el Parlament y convocó elecciones, mientras en los días siguientes los altos cargos de la Generalitat de Cataluña fueron encarcelados preventivamente y Carles Puidgemont huyó al extranjero. El 14 de octubre de 2019 nueve líderes independentistas fueron condenados con penas de 9 a 13 años por sedición y malversación, lo que desató protestas multitudinarias.


Los indultos fueron presentados como una mano tendida. En una conferencia, Pedro Sanchez ha afirmado que el principal objetivo de esta medida es impulsar la convivencia y empezar de nuevo, siendo eso un gesto dirigido no tanto a los presos sino a los catalanes que los apoyaron. Esta decisión del Gobierno ha sido atacada por la derecha, que le acusa de rendirse a los independentistas a cambio de su apoyo en el Congreso. Por otro lado, los separatistas se dividen entre ellos para que los indultos no cambian nada y subrayan la presencia de juicios pendientes de los políticos ante el Tribunal de cuenta por los gastos del referéndum; ellos que lamentan que no se haya concedido más bien una amnistía, con la que se habría extinguido directamente los delitos y no solo su pena; y quienes que saludan positivamente este gesto. Pese a todo, tanto el Gobierno español como los independentistas coinciden con que este desde luego no va a ser la solución del conflicto catalan, pero es el punto de partida para una negociación. Lo que es cierto es que Sanchez no parece decidido a conceder un referéndum separatista y el Govern no está dispuesto a renunciar, aunque tampoco quieren abogar nuevamente por la vía unilateral.



El 1-O no ha tenido rilevancia solo a nivel político. Mientras las cargas policiales agudizaron en Cataluña la sensación de estar ante un Estado opresor, en el resto de España el referéndum contribuyó a la difusión de la catalanofobia, es decir el odio hacia lo catalan, una aversión basada en el prejuicio que los catalanes se sientan superiores y sean un pueblo egoista. A esto se le tiene que añadir la fractura de la sociedad catalana: el 1-O supuso el choque de dos Cataluñas, una independentista y una costitucionalista. Esto ha animado una política de bloques, fomentada por todo el procés, que ha llevado a la parálisis. En los meses que siguieron, muchos partidos constitucionalistas instaron al diálogo, pero después de las elecciones estas llamadas se quedaron en la nada y prevaleció otra vez la confrontación, endurecida por los procedimientos judiciales. Que sean una maniobra política o una mano tendida, estos indultos representan una oportunidad para que Cataluña y el resto de España se vayan entendiendo. ¿La política sabrá aprovecharla?


Articolo a cura di: Laura Tondolo



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